Saturday, August 26, 2006

Aníbal Fernández sobre el radicalismo:
"Ya nos tienen acostumbrados a todo este tipo de cosas. Dicen que el presidente abusa del poder de cualquier manera, pero a mí lo que me llama la atención, en este marco, de aquellos que fueron los responsables de la destrucción de 2001, es que ninguno habló de De la Rúa", sostuvo Fernández en declaraciones a radio Mitre. "El radicalismo no tendría que opinar porque fueron ellos alimentadores de los tiranos, y el peronismo nunca ha hecho cosas de esas características y tiene un presidente popular que lo que hace es tomar decisiones", enfatizó.

Pregunto: ¿el ministro Aníbal Fernández no conoce la historia de su propio partido peronista, con todo el culto a la personalidad de Perón y Eva Perón? ¿Con sus atropellos a la libertad de prensa y a la libertad gremial? ¿Con su avasallamiento del Congreso y del Poder Judicial? ¿No conoce la historia de corrupción de Juan Domingo Perón? Todo esto, ¿no fue una tiranía?

Aníbal Fernández sobre el radicalismo:
"Ya nos tienen acostumbrados a todo este tipo de cosas. Dicen que el presidente abusa del poder de cualquier manera, pero a mí lo que me llama la atención, en este marco, de aquellos que fueron los responsables de la destrucción de 2001, es que ninguno habló de De la Rúa", sostuvo Fernández en declaraciones a radio Mitre. "El radicalismo no tendría que opinar porque fueron ellos alimentadores de los tiranos, y el peronismo nunca ha hecho cosas de esas características y tiene un presidente popular que lo que hace es tomar decisiones", enfatizó.

Pregunto: ¿el ministro Aníbal Fernández no conoce la historia de su propio partido peronista, con todo el culto a la personalidad de Perón y Eva Perón? ¿Con sus atropellos a la libertad de prensa y a la libertad gremial? ¿Con su avasallamiento del Congreso y del Poder Judicial? ¿No conoce la historia de corrupción de Juan Domingo Perón? Todo esto, ¿no fue una tiranía?

Thursday, August 10, 2006

Los "jefes de enfrentamiento" contra los periodistas.

Por Fernando Javier Ruiz

Nadie en América Latina tiene la experiencia represiva del gobierno cubano. Desde 1959 se han construido instituciones para el control social que han estado sirviendo al mismo gobierno, y a las mismas personas. Ese aprendizaje y esas filas de cuadros son hoy la ideología y la vanguardia del proletariado. La policía política es la etapa superior de la revolución.
Tratar de describir esa estructura es difícil en países democráticos y mucho más difícil en dictaduras, que hacen un culto a la opacidad. En las dictaduras, es la sociedad y no el Estado la que tiene que ser transparente. Pero a partir del testimonio de los disidentes perseguidos y de sus familiares, se pueden reconstruir algunas prácticas represivas habituales, y sacar de la oscuridad algunos nombres de los perseguidores.Después de los hermanos Castro, posiblemente quien dirige el aparato represivo contra la disidencia sea el general Humberto Francis Prado. Es el viceministro del Interior a cargo de la Dirección General de Contrainteligencia (DGCI). El jefe de Francis Prado es el ministro del Interior, el general Abelardo Colomé Ibarra.El general Francis Prado nació en 1947 y estudió en la Unión Soviética entre 1965 y 1969, justo cuando los dirigentes soviéticos cerraron lo poco que abrió Nikita Kruschev. Al volver a Cuba, realizó misiones militares, por lo menos en Angola, Etiopía y Nicaragua. En 2004 era el jefe de seguridad de Fidel Castro, lo que implicaba ser una de las personas más obedecidas de la isla. Ahora, como jefe de la Contrainteligencia, su lugar de trabajo sería la sede de esa dirección general en La Habana, ubicada en la calle 19, entre O y M, en pleno corazón de la ciudad [¿o en la avenida 31, esquina 110, en Marianao?]. Según varios disidentes, en el interior de la Contrainteligencia está el Departamento 21, llamado de “Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga”.
Un artículo de la agencia Cubanacán del 14 de febrero del 2005 dice que el jefe del Departamento 21 es el general Calderín Tamayo, que antes era el jefe de prisiones. Otros dicen que el jefe del Departamento 21 es el “coronel Agustín” que sería el coronel Armando Guirola, cuya foto habría aparecido en un artículo del periodista Pablo Alfonso en el Nuevo Herald del 2 de marzo de 1999.Esta área de Contrainteligencia es la que se encarga de los disidentes, pero los disidentes no hablan con el general Francis Prado. Él no está en los interrogatorios. Cuando los periodistas independientes son citados se pueden encontrar con algunos de estos militares: Francisco Estrada, Aramis Rodríguez, Danilo Lopes, Jesús Aguila, Orlando Soroa, el “mayor Atencio”, o el “capitán Jorge”. Incluso se mencionan a algunos que podrían estar en niveles jerárquicos mayores como al coronel Rodolfo Pichardo Olano o a Luis Mariano Lora.Deben sentir que su trabajo es indigno pues lo más frecuente es que no den su verdadero nombre. Los disidentes siempre aseguran que no saben si algunos de estos nombres son reales o no. Otra cosa que los disidentes dicen es que las motos Suzuki son las preferidas por la Contrainteligencia.
Los militares cubanos tienen el monopolio sobre lo que ningún país democrático suele permitir: la inteligencia interna. Toda la plana mayor del Ministerio del Interior, y en especial del área de Contrainteligencia, es militar. Estos militares se encargan de “atender” (ese es el verbo que usan) a cada uno de los periodistas independientes y a sus familiares. Es la misma persona de la Contrainteligencia la que “atiende” al periodista y a su familia, y llega a conocer todo el mundo de la vida de su víctima. Así construyen una relación hostil, pero personalizada. De esa forma, su pericia para presionar y castigar es enorme. Suelen aplicar por ello el método del caso por caso.El periodista Oscar Espinosa Chepe estaba preso y su mujer Miriam Leiva iba a la Iglesia los domingos, junto a las Damas de Blanco, a pedir su liberación. La seguía siempre el “agente Silvio” que era el mismo que interrogaba a su esposo. Pero la relación del matrimonio con “Silvio” se puso muy difícil y entonces la Contrainteligencia optó por cambiar quién “atendía” a ese matrimonio y le pusieron al “agente Randi”.Por supuesto, el “oficial operativo” seguramente tiene personas de apoyo pero el diálogo en general es personal. A veces, la estrategia es coordinar con “los factores” (policía local, Asociación de Combatientes, Partido Comunista y Comité de Defensa de la Revolución - CDRs) y concentrar la presión entre todos contra el disidente.El lenguaje que utilizan es cínico. Hacen “visitas”, tienen “entrevistas”, los periodistas son citados para tener “conversaciones de intereses” por parte de estos “amigos” que le quieren dar “un consejo”. Y también le dan una advertencia, que pueden convertirse en “actas de advertencia” (que varios periodistas acumulan antes de ser detenidos), o pueden ser encerrados en sus casas sin poder salir, o subidos a un auto y devueltos a varios kilómetros de su casa.
Los militares quieren que sus víctimas los escuchen en forma permanente, recordándoles siempre que tienen el conocimiento y el control casi total de sus vidas. También es casi seguro que desde la Contrainteligencia se organizan los “actos de repudio” supuestamente “espontáneos” donde grupos de “civiles” van a la casa del disidente a tirarle huevos, golpes, o alguna otra “actividad cívica”. Al periodista Roberto Santana, según Reporteros sin Fronteras, le organizaron “una campaña de descrédito del periodista entre sus vecinos pidiéndoles que no le saludaran”. El pasado 20 de marzo, al periodista Luis Cino un oficial de la policía política lo amenazó con la realización de un “acto de repudio”. Una dictadura como la cubana tiene casi infinitas formas de presionar a un residente en la isla. De hecho, todos los disidentes terminan finalmente desocupados. Ese conocimiento atroz que la Contrainteligencia tiene de las vidas de las personas hace que sea relativamente fácil la infiltración. Cuando en marzo del 2003 la dictadura encarceló a más de setenta disidentes, en los juicios posteriores testificaron doce miembros de la contrainteligencia que se habían infiltrado, algunos desde una década atrás.En el periodismo había dos agentes encubiertos: Manuel Orrio y Néstor Baguer. Ambos se hacían pasar por periodistas y eran agentes de la Contrainteligencia. Orrio era el agente Miguel y Baguer era el agente Octavio. Orrio era sospechado como agente por los disidentes, pero Baguer no. Ambos se dedicaban bastante abiertamente a cuestionar a los principales dirigentes de la disidencia, a generar rencillas y Orrio también hacía denuncias de corrupción contra algún disidente importante.
Luego que salió del armario, y se convirtió en un héroe del país oficial, declaró en una entrevista que “en este medio (el periodismo independiente) es tabú criticar a la oposición. Rompí esa norma y me busqué problemas”. Incluso Orrio hablaba en sus notas sobre la represión y mencionaba a sus jefes: “el oficial de la policía política que se hace llamar Luis Mariano” (“Dios, Elian y la mala leche”, 29/2/2000). Con la venia del Ministerio del Interior, acaban de salir editadas las memorias del agente Octavio, quien murió el año pasado, bajo el nombre Secretos desde el Malecón habanero.Más enigmático es el caso del agente Ignacio, Lexter Téllez Castro, quién era un periodista encarcelado por el cual estaban pidiendo las principales organizaciones mundiales de defensa de los periodistas y de derecho humanos. En el juicio a un disidente ciego, Juan Carlos González Leiva, Téllez Castro dijo ser el agente Ignacio, de la policía política. Como agente encubierto, Téllez Castro había compartido la prisión con Guillermo Fariñas Hernández, quien estaba haciendo huelga de hambre (ver “Cuba” en p. 4 ). Según Fariñas Hernández, Téllez Castro le sugería que se alimentara en forma secreta.
Pero luego de destaparse como agente en aquel tribunal que condenó al disidente ciego, Téllez Castro declaró que estaba arrepentido de haberse infiltrado. A diferencia de otros agentes que fueron glorificados por el régimen, a este le cayó un manto de silencio. Desde aquel día de abril en el tribunal, nadie sabe dónde está el agente Ignacio. Orrio y Baguer también fueron testigos en los juicios contra los periodistas independientes. En realidad, no podían revelar nada que los agentes ya no supieran pues la actividad disidente es pública y conocen todos sus movimientos y sus comunicaciones están vigiladas. Además actúan, al igual que el resto de los disidentes, suponiendo que las distintas organizaciones de la sociedad civil están infiltradas. De todos modos, las infiltraciones son siempre un golpe duro para la organización de la sociedad civil pues son conscientes de que necesitan tener confianza y solidaridad en el interior de los grupos para poder enfrentar a una dictadura tan cruel.Desde hace un tiempo los oficiales de Contrainteligencia comenzaron a utilizar la expresión de “jefe de enfrentamiento”. Esto puede corresponder a un cambio en la estrategia que se está produciendo en el Ministerio del Interior, en el que se produjo cierto recambio generacional. Varios de los disidentes han sostenido que algunos de sus interrogadores tienen menos de treinta años. Pero están muy preparados, al menos dentro de los esquemas conceptuales de la dictadura. El gobierno los ha preparado como la elite del régimen. En las ceremonias de graduación de las escuelasy academias del Ministerio del Interior suele haber miles de egresados.
En su discurso ante los disidentes que acosan a diario, los perseguidores se justifican diciendo, como hicieron ante el periodista Luis Cino, mientras lo tenían detenido, que “los periodistas independientes realizan la misma función que tuvieron los alzados del Escambray, y que eso no se podía permitir”.(1)El oficial Francisco Estrada es uno de los más nombrados como interrogador. Algunos disidentes dicen incluso que sería el jefe de los interrogadores, si es que ese rótulo existe. Fue el interrogador de Oswaldo Payá, de Oscar Elías Biscet y de su mujer Elsa Morejón, de Oscar Espinosa Chepe y de Miriam Leiva, y de Omar Rodríguez Saludes (reportero gráfico preso hasta el 2031). Elsa Morejón recuerda bien a Estrada pues fue el instructor del juicio contra su marido y el que le comunicaba los sucesivos traslados de la cárcel que sufrió, y que posiblemente siga sufriendo pues su condena se cumple en el 2027.En las provincias, la relación entre los periodistas y sus perseguidores es más cercana y posiblemente aún más cruel. En Villa Clara, la banda encargada de pensar y ejecutar el acoso al huelguista Fariñas Hernández parece estar integrada por el capitán Vladimir Ernesto Méndez, el teniente coronel Rubén González, el teniente coronel Fidel Omar González y el mayor Pablo Echemendía, supervisados por el jefe, el coronel Luis Mariano Lora.En las cárceles, las dictaduras también son dictaduras. Al encierro, se suma el sobrecastigo de condicionar las relaciones con sus familiares. La poca periodicidad y dificultad de las visitas de familiares a cárceles ubicadas a cientos de kilómetros de su casa, visitas cuya realización siempre es incierta pues puede ser suspendida por cualquier razón, la imposibilidad de estar a solas con sus familiares, las golpizas, las celdas de castigo, la convivencia con presos comunes a veces incentivados a la violencia por la policía política, los continuos traslados, poder llevar o no “literatura, aseo y comida” como dijo una de las esposas, son formas de seguir ejerciendo la presión sobre los periodistas que están hoy condenados.Allí la Contrainteligencia es también la máxima autoridad sobre los presos disidentes. Y se incorpora al equipo represivo la figura del “reeducador” que hostiga el encierro del periodista para quebrarle la voluntad. El pasado marzo, el periodista Normando Hernández denunció ser golpeado por su reeducador en la prisión de Ciego de Ávila.A fines del 2005, el periodista Raúl Rivero escribió sobre un colega preso: “Se está muriendo ahora mismo en Cuba el periodista Víctor Rolando Arroyo. Entró, con este amanecer, en el día 25 de su huelga de hambre. La inició para exigir que el alto mando del Ministerio del Interior le quite de encima a un oficial de apellido Armesto que es el encargado de reprimirlo en la prisión de Guantánamo desde la primavera de 2003”.(2)Para los presos, la autoagresión (huelgas de hambre y automutilaciones) es la forma de defenderse de los contrainteligentes. El general Francis Prado sabe que la disidencia no es el único lugar desde donde se llega a la cárcel. Uno de sus antecesores como jefe de seguridad de los hermanos Castro fue el general José Abrantes, quién en 1994 murió en la cárcel tras haber sido el ministro del Interior de la dictadura.

(1)- Levantamiento de campesinos en el interior de Cuba contra Fidel Castro entre 1959 y 1965.(2)- Raúl Rivero, “Cárceles cubanas: la muerte como alivio”, El Mundo de Madrid, 3 de octubre del 2005. El nombre completo del oficial de contrainteligencia sería Juan Armesto Vela.

Este texto fue extraído del informe Indicadores de Periodismo y Democracia a Nivel Local en América Latina de Fernando Javier Ruiz

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